Desde que observo, noto cómo el tiempo se escapa: esa ausencia de presente que me habita y que tanto anhelo. Cuesta alcanzar lo ínfimo, disfrutar de aquello que, por pequeño, suele pasar desapercibido.
En nuestro escritorio, más allá de las teclas, con la mirada anclada a la pantalla, creemos tener tiempo: el «tiempo útil».
Lo útil nos acecha en todas partes. Leyendo, escuchando, paseando... parece que todo debe servir para algo, que si no produce, no existe. Esa necesidad se crea y aumenta, te absorbe sin que apenas te des cuenta.
¿Quién decide parar cuando ya casi nadie lo hace? Con la mirada perdida, el olvido ocurre con demasiada frecuencia; sobrevivimos a lo que toca, dejando de lado el placer de la vida que se narra despacio, sin prisa.
La máscara 1, 2, 3... la máscara 1, 2, 3... y así, mientras sigues sin notar el peso, el tiempo se va, mientras sigues.
Me hice adulta pronto.
A veces suspiro y otras siento miedo, porque uno duda hasta de sus propias certezas. Pero mientras tanto, en este camino (que Dios sepa a dónde me lleva), trato de proteger la semilla.
Mi parte creativa es, quizás, lo único que queda de aquella niña.
Para un momento. Vas rápido, te vas a caer. Juega, que no es pérdida de tiempo, es encontrarte.
Porque aunque la flor florezca de nuevo y nosotros no volvamos a ser jóvenes, nos queda este instante: el único lugar donde, por fin, no hace falta ser útil para ser verdad.




Leyéndote me dio una sensación rara, como de cansancio bonito.
Lo del “tiempo útil” me tocó porque es verdad que vivimos como si todo tuviera que justificar su existencia. Hasta pasear tiene que “despejar la mente”, hasta leer tiene que “aportar algo” y si no produce, parece que estorba.
Y esa parte de “proteger la semilla” ahí hay algo muy real. Cuando sientes que creciste demasiado pronto, esa parte creativa no es un lujo, es lo que te mantiene blanda por dentro, lo único que no se ha endurecido.
Y el final me gustó mucho, eso de que no hace falta ser útil para ser verdad, ojalá nos lo repitiéramos más porque a veces no estamos cansados de hacer cosas, estamos cansados de tener que ser alguien todo el rato. Gracias por escribirlo así.
Eso del “tiempo útil” es tan real… como si todo tuviera que servir para algo. Y al final lo que se nos escapa es el presente.
Me quedo con eso de proteger la semilla. Jugar también es vivir. Y no, no es perder el tiempo.