Hay días en los que me resulta completamente abrumador elegir entre lo que es importante y lo que no. Y no hablo de decisiones grandes. Hablo de las de cada mañana: abrir el ordenador, tener mil cosas pendientes y quedarte paralizada mirando la pantalla sin saber por dónde empezar.
O peor: llevar toda la tarde trabajando, que llegue un email que requiere una respuesta con tacto... y que no te salga. No porque no sepas qué decir. Sino porque ya no te queda energía ni para pensar cómo decirlo.
Yo antes pensaba que era falta de voluntad. Pero resulta que tiene nombre.
Qué es la fatiga de decisiones
La fatiga de decisiones es un fenómeno estudiado en psicología del trabajo que explica cómo la capacidad de tomar decisiones se va agotando a lo largo del día. Cada elección, por pequeña que sea, consume recursos mentales. ¿Respondo esto ahora o después? ¿Empiezo por aquí o por allá? ¿Lo digo así o de otra forma?
Cuando esa batería se vacía, el cerebro no se apaga, sino que empieza a hacer cosas curiosas: procrastinas las decisiones que más pesan, eliges lo más fácil aunque no sea lo mejor, y cometes más errores justo cuando más necesitas estar atenta, que suele ser al final del día.
Por qué esto no es un problema tuyo
Desde la prevención de riesgos laborales, la fatiga de decisiones no se entiende como un fallo personal. Está directamente relacionada con cómo está diseñado el entorno de trabajo: las interrupciones constantes, la ambigüedad sobre qué es urgente y qué no, y el volumen de información que entra por todas partes obligándonos a elegir todo el tiempo.
Cuando el trabajo está mal diseñado, lo pagamos con nuestra energía mental. Y eso es un riesgo psicosocial real, aunque pocas veces se nombre así.
Lo que cambió cuando le puse nombre
Hace unos días llevaba horas entre apuntes, respondiendo mensajes y organizando tareas. Llegué a la noche bloqueada, incapaz de decidir qué cenar o qué serie poner. Y no había hecho nada “tan grande”.
Desde que entendí lo que es la fatiga de decisiones, algo cambió. No es que ahora todo fluya mejor. Es que cuando llego a esa hora en la que ya no puedo tomar ni una decisión simple, ya no me juzgo. Sé lo que ha pasado. Y eso, curiosamente, ya es suficiente para respirar un poco.
¿A ti también te pasa? Me encantaría leerlo en los comentarios.
PsicoCarga es un espacio donde hablo de los riesgos psicosociales que no se ven: carga mental, tecnoestrés, cultura laboral y todo lo que pesa sin que nadie lo nombre. Soy estudiante de Prevención de Riesgos Laborales y comparto lo que aprendo, lo que observo y lo que siento.













