El estrés me sentaba tan mal que tenía que ir al baño corriendo…
Cuando estudiaba el grado de Recursos Humanos, entrar en la facultad era una carrera de obstáculos mental. Miraba las ventanas, las puertas y la larga cola de compañeros listos para entrar en el examen.
La situación era desagradable: sentía que mi corazón palpitaba a mil por hora, sudaba y, sobre todo, el pánico aumentaba al tener que esperar y entrar con mis compañeros.
Como si todo dependiera de mí.
Los exámenes me daban náuseas, diarrea y mucho malestar físico. Recuerdo que una compañera me decía: “Celia, es que te lo tomas a pecho”. Entonces yo no lo veía. Pensaba que me lo tomaba como todo el mundo. ¿Un poco de nervios es lo normal, no?
Pero mi identidad estaba en un resultado, en vez de verlo como un trámite. Digamos que dependía de mi propio resultado y que ese resultado era yo, fruto de un sobreesfuerzo titánico por aprobar.
Han pasado los años. Sigo estando de exámenes, estudiando, subrayando, haciendo esquemas... y veo cómo mis compañeros sienten esa enorme ansiedad, nervios y pánico. Me abrumo al notar cómo se sienten y, al mismo tiempo, me hace recordar cómo me sentía yo: igual o peor.
Pero algo ha cambiado. Después de mucho tiempo he realizado la prevención emocional. O como diríamos técnicamente en PRL: he aprendido a gestionar los factores de riesgo antes de que se materialicen en un daño.
No se trata de esperar a que el día llegue, sino de trabajar mucho tiempo antes para calmar y conseguir el famoso eustrés.
¿Qué tiene que ver esto con la Prevención de Riesgos Laborales?
Aquí es donde mi experiencia personal choca con lo que estudio en el Máster de PRL. Lo que yo sufría tiene nombre técnico y entenderlo es vital para la seguridad y salud en el trabajo.
1. El Eustrés (Estrés positivo)
Es el nivel de activación necesario. Es el que te despierta por la mañana, el que te hace estar alerta para cumplir un plazo o afrontar un reto. En el trabajo, es esa “chispa” que nos hace productivos y nos da seguridad. Te hace pensar: “Esto es un desafío, pero tengo los recursos para superarlo”.
2. El Distrés (Estrés negativo)
Es el que paraliza. Es el que sufría yo en la facultad. Ocurre cuando percibimos que las demandas (el examen, la carga de trabajo, la presión del jefe) son mucho mayores que nuestros recursos para afrontarlas.
En ese momento, la mente envía tanta energía para que huyas (la respuesta primitiva de “lucha o huida”), que el cuerpo colapsa. Te bloqueas, te quedas en blanco y aparecen los trastornos psicosomáticos: la diarrea, la taquicardia, el dolor de cabeza.
De estudiante a Técnica de PRL: Mi visión
Como futura técnica en Prevención, ahora entiendo que mi trabajo no será solo decir “ponte el casco” o vigilar la ergonomía de una silla.
Mi trabajo también será identificar cuándo un trabajador está pasando del eustrés al distrés.
Si en una empresa alguien siente que “su identidad depende de un resultado” (como me pasaba a mí), o que no tiene control sobre su trabajo, estamos ante un Riesgo Psicosocial claro. Y al igual que yo aprendí a gestionar mis emociones para no tener que salir corriendo al baño, las empresas deben diseñar puestos de trabajo donde la carga mental no nos enferme.
“La prevención no es solo evitar accidentes visibles; es evitar que el talento se queme por dentro.”
Yo tardé años en aprenderlo sola y no es nada fácil. Mi objetivo es ayudar a crear entornos donde esa prevención venga de serie y, sobre todo, concienciar no solo sobre los riesgos psicosociales, sino también sobre la seguridad integral de los trabajadores y trabajadoras.












